San Jerónimo Coatepec
Jesús Bonilla Palmeros
La ciudad de Coatepec se localiza en la región central del estado de Veracruz, cuyas coordenadas son: al norte 19° 32’, al sur 19° 22’ de latitud norte, al este 96° 48’ y al oeste 97° 06’, a una altitud de 1,252 msnm. Colinda al norte con los municipios de Acajete, Tlalnehuayocan, Xalapa, y Emiliano Zapata; al este con los municipios de Emiliano Zapata y Jalcomulco; al sur con los municipios de Jalcomulco, Tlaltetela, Teocelo y Xico; al oeste con los municipios de Xico y Perote (INEGI: 1995).
Los orígenes
Coatepec en voz náhuatl se traduce al español como: “En el Cerro de la Serpiente”, de la voces coatl= serpiente, tepetl= cerro y co= locativo, nombre del asentamiento prehispánico ubicado aproximadamente a 10 kilómetros en dirección noroeste de la actual ciudad. En cuanto al viejo asentamiento, en la actualidad es posible observar los restos de un templo y cuatro adoratorios, distribuidos en una pequeña plaza que los indígenas construyeron al nivelar la cima del cerro conocido actualmente como Coatepec Viejo. Este sitio se encontraba habitado en el siglo XVI por gente que pertenecía a la etnia nahua, los cuales fueron congregados en el año de 1560, hacia la parte alta de la actual ciudad de Coatepec.
El primer asentamiento como producto de la congregación de indios recibió el nombre de San Jerónimo Coatepec y probablemente la distribución de la población seguía un patrón semidisperso, compuesto de pequeños ranchitos.
Posteriormente se realiza una segunda congregación de indios, hacia el año de 1702, por el Cura interino don Pedro Jiménez del Campillo y el gobernador de indios don Luis de San José, dicho traslado coincide con los primeros trabajos para edificar la Iglesia de San Jerónimo, por lo tanto esta fecha se toma como año de fundación de Coatepec.
Dentro de la tradición oral manejada por los habitantes de Coatepec Viejo se menciona una singular historia sobre los orígenes de la ciudad Coatepec y su relación con San Jerónimo. El señor Antonio Colorado (q e p d), en una entrevista realizada en 1985 relato la siguiente historia: “… decían los antiguos que San Jerónimo era el dueño de todas estas tierras, eran tan grandes sus terrenos que llegaban hasta donde es ahora la ciudad de Coatepec y cuando vinieron los españoles quisieron llevárselo para allá, con tal de que estuviera le construyeron una iglesia grande, trataron de complacerlo para que se quedara y ni así quiso. Lo bajaban hasta su iglesia, lo dejaban en la noche y al otro día cuando habrían la puerta ya no estaba en el altar, se había regresado a Coatepec Viejo, varias veces lo intentaron y varias veces se regreso. Entonces decidió dejarles las tierras de allá abajo a sus hijas, se las repartió para que estuvieran contentas, también les dejo un terreno muy grande que debían de trabajar entre todos, para que con lo que se cosechara le hicieran una fiesta cada año y no se olvidaran de que San Jerónimo les había regalado todo aquello y debían de acordarse de él…”.
Las denominadas “hijas de San Jerónimo que menciona don Antonio en su relato son aquellas primeras familias de indígenas que participaron en la fundación del nuevo asentamiento de Coatepec, y hasta la fecha así se les sigue llamando a las personas que habitan la parte alta de la ciudad, en el barrio de San Jerónimo que abarca las calles de Arteaga, Hernández y Hernández, Quintana Roo y el llano del cerro (hoy conocido como los Carriles).
Hacia 1701 que se inicio la traza y los primeros trabajos de construcción de la nueva iglesia de San Jerónimo al centro del nuevo asentamiento, fue muy importante la participación de la población indígena en la edificación del recinto católica. El sacerdote Antonio Mateo Rebolledo registró en su obra sobre Historia de Coatepec: que un indígena de nombre Claudio fue el encargado de la decoración de la fachada y los accesos laterales. Probablemente esta persona haya sido quien modelo en el pórtico que da hacia la calle de Jiménez del Campillo, las fauces estilizadas de una serpiente con sus colmillos laterales, acorde a la tradición prehispánica de concebir las entradas de las cuevas como fauces serpentinas. El mismo don Antonio mencionaba en su relato que San Jerónimo vivía en Coatepec Viejo dentro de una gran cueva, lugar donde guardaba sus bienes, por lo tanto no es extraño que los indígenas coatepecanos hayan concebido la iglesia como la cueva donde habitaba su santo patrón, como una referencia de su antiguo lugar de origen.
Las ofrendas florales
Entre los grupos nahuas prehispánicos, era costumbre común, adornar los pórticos de los templos durante las ceremonias a sus deidades. Posteriormente al iniciarse la construcción de los templos católicos en la Nueva España, se continúo con la costumbre de adornar las fachadas de las iglesias durante las festividades a sus santos patronos. Los adornos consistían en colocar enramadas siguiendo el contorno del pórtico, por lo general en arco de medio punto que para su manufactura se utilizaban ramas y flores de la temporada o en algunos casos se traían los materiales desde zonas alejadas de la localidad.
Con el paso de los años los adornos colocados en la fachada se fueron haciendo cada vez más altos, al grado de cubrir ampliamente el frente de los templos.
A mediados del mes de septiembre, se inician los preparativos para proveerse de la materia prima para la manufactura de los arcos. Los mayordomos se encargan de invitar a vecinos y amigos, con el fin de manufacturar los adornos florales. La blanca flor de cuchara se acarrea en viaje especial desde Alchichica y los rojos tenchos de la parte alta del municipio de Coatepec, ambas plantas son imprescindibles en la elaboración de los arcos.
Como un regalo del pueblo coatepecano a su santo patrón, se manufacturan varios arcos (retablos) con plantas que los artesanos de Coatepec, preparan hábilmente para crear un sinfín de elementos iconográficos cristianos, adorno distintivo de los famosos arcos de San Jerónimo.
Fieles a la tradición ancestral de adornas con estos arreglos florales la fachada de las iglesias dentro de la festividad a su santo patrón, se sabe por referencias de la gente anciana de la localidad que los mayordomos de la festividad nunca han dejado de cumplir con la obligación de honrar a San Jerónimo en su festividad, ni en aquellos años cuando se limitaron los cultos católicos.
Es digno de mención y reconocimiento el trabajo realizado por el señor Hilario Huesca, quien durante muchos años dirigió la confección del Arco Mayor de San Jerónimo, aparte de que no escatimó recursos en el cumplimiento del cargo de mayordomo, año con año hasta su fallecimiento.
La Bajada de los Arcos
Al anochecer del día 28 de septiembre, se dan los últimos toques a los adornos florales, en algunos casos se trabaja hasta la madrugada con el fin de terminarlos y dejarlos listos. El día 29 los cohetes lanzados en diferentes puntos de la parte alta de Coatepec anuncian la cercanía de las fiestas patronales. Los arcos se trasladan en “los carriles”, lugar donde serán bendecidos por el párroco de la localidad.
A las 5 de la tarde una andanada de cohetes indica el inicio de la bajada de los arcos con la imagen de San Jerónimo al frente, para ese entonces la gente espera impacientemente el traslado de los arreglos florales, algunos de ellos de gran tamaño y muy pesados, por lo que se necesita la participación de una gran cantidad de personas para su traslado.
Por lo general las condiciones climáticas son desfavorables al evento, al ser temporada de lluvias y aun así la gente concurre en gran cantidad. Como caso curioso se dio hace unos 12 años que no llovió durante la festividad, el sol brillo con toda intensidad durante la bajada de los arcos y la reacción de las personas que cargan las ofrendas florales sorprendió a muchos, empezaron a solicitar que se les arrojara agua de las azoteas y balcones de las casas por donde pasaban. Desde entonces se estableció como practica común el arrojar agua a las personas que cargan los arcos, a pesar de las prohibiciones.
Integración de rasgos culturales foráneos
En los últimos años de han integrado una serie de elementos culturales a la tradición local, estos elementos son distintivos de las fiestas patronales de la ciudad de Huamantla y no necesariamente corresponden al rescate de la practicas culturales de las sociedades del centro de Veracruz. A partir de las relaciones económicas entre comerciantes de la región con los de Puebla y Tlaxcala, se han integrado a las fiestas patronales de la región los tapetes de aserrín de colores, con la intención de darle un toque de vistosidad al atrio y calles circunvecinas por donde pasara la peregrinación con la imagen del santo patrón. El año pasado también se introdujo la costumbre de darle un traje nuevo a San Jerónimo en las vísperas de su festividad, costumbre fuertemente arraigada en la vecina ciudad de Xico. En lo referente a las danzas indígenas de la localidad, éstas desaparecieron hace mucho tiempo, posteriormente venían danzantes de comunidades del Estado de Puebla y de la sierra de de Chiconquiaco, en la actualidad vienen algunos danzantes de Xico y otras danzas locales que se han inventado para ocasión tan especial.
Enviado por administrador el Mar, 2008-03-18 20:29.
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